Now Playing Tracks

Hay cosas de las que me arrepiento, pero haberme convertido en una Belieber desde ese verano de 2009 no es una de ellas.
Por ese 01.03.1994 que marcó a más de 55.000 millones de personas, a mis hermanas.
#Belieber (at Bieberland💜)

Sientes nauseas. No sabes por qué, solo quieres vomitar. Lo ves todo borroso, doble, confuso. Haces una cronología de todo lo sucedido y te preguntas por qué lo mandaste todo a la mierda. Ahora tú rompes tu promesa de no llorar, mientras él no pierde el tiempo.
Te niegas. Niegas estar mal; niegas tus lágrimas; niegas tus sentimientos. Te muestras fuerte e insensible ante el mundo, cuando por dentro en realidad no sabes ni lo que sientes. Pero sí sabes que te duele.
Dices que es agua pasada, cuando en realidad es agua estancada.
Miedo. Tienes miedo. No quieres volver a amar a nadie. Recuerdas cada “te quiero” sin respuesta, cada “te echo de menos” perdido en una conversación sobre fútbol. Recuerdas cada primera vez como una cadena, lo rezas como a un rosario.
Empiezas a sentirte mejor, ves que no merecía la pena, tu corazón empieza a respirar. Pero tu memoria no se relaja. Recuerda cada beso, cada abrazo, cada día que, en su momento, fue maravilloso.
Y echas de menos. No quieres, pero no lo puedes evitar. Echas de menos las mariposas en el estómago cada vez que le ibas a ver; echas de menos las risas; le echas de menos a él.
Lo odias. Odias ese sentimiento de culpa y miseria, sabiendo que en realidad aquello es lo correcto. Te cansas de escuchar a tu corazón, que aun siendo ignorado duele como si no lo fuera.
Vuelven tus ganas de vomitar. De echarlo todo fuera. No la comida, sino los sentimientos. Vuelves a prometerte no llorar, pero sabes que lo harás. El amor se empieza a pudrir dentro de ti, por eso sientes náuseas.
Y te haces un juramento.
Te juras que, una vez pasado esto, nunca nadie podrá derribarte. Sabes que nadie te volverá a hacer daño, porque sabes que no volverás a amar igual. Pero tienes miedo, miedo a caer.
No quieres que nadie te vea débil, así que te vas donde nadie pueda verte. Caminas, caminas por el frío campo vulnerable como nunca lo habias estado. Tienes la nariz roja, las manos heladas… y el corazón roto. (at 💔💋)

Entonces abres los ojos, te das cuenta de todo lo que ha estado pasando delante de ti y tú, ciega de amor, no quisiste ver.
Te das cuenta de que perdiste a maravillosas personas por maravillosas ilusiones; de que cada beso, cada abrazo, se quedarán perdidos en un baúl de recuerdos que intentarás enterrar hasta que ya no duela. Pero sabes que eso es imposible, sabes que siempre dolerá.
Cada día te levantas, te miras al espejo y sonríes. Pero sabes que esa sonrisa es falsa, que en realidad por dentro sientes tal vacío que solo una persona puede llenar. Sabes quién es, y recordarlo te hace daño. Te prometes, noche tras noche, que sera la última vez que llores aun sabiendo que a la noche siguiente romperás esa promesa.
Analizas. Analizas todo lo que ha pasado, porque es lo único que tu mente te permite hacer. Haces una marcha atrás, buscando qué es lo que salió mal en los últimos momentos. Estás confusa, no sabes si aquello que hiciste fue lo correcto.
Entonces lo ves. Te das cuenta que fuisteis una operación matemática errónea: buscas el error en los últimos pasos del cálculo, hasta que se te ocurre mirar al inicio del todo y te das cuenta de que el error estuvo en la primera suma.
Encuentras la respuesta a esa pregunta que te has estado preguntando durante semanas, y ya tienes la respuesta. Aunque duela, era correcto poner punto final.
La ecuación era demasiado larga como para emendar esa suma, ese tú+yo. (at 💔💋)

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